Aparición con vida (un deseo incumplido, 1976-1983)


Pegatina de finales de la década de 1970

Culpa y negación en el país de la tristeza y la ausencia
Soy de un país que exterminó a la mayoría de su población autóctona y a los que sobrevivieron los sometió a la servidumbre y a la miseria y que más de un siglo después discrimina a los descendientes de aquellos que estaban aquí antes de que llegaran los conquistadores / usurpadores. Un país en el que una gran parte de la población vive en la ilusión perdida de ser Europa en América. Proyecto fallido de un país en el que nació la persona que ideó un aparato para torturar aplicando corriente eléctrica, el mismo país en que treinta años después de haber recibido a miles de nazis (alemanes, croatas, belgas, húngaros, austriácos, franceses…) centenares de ellos criminales de guerra, tuvo un gobierno militar que contaba con el apoyo de una parte significativa de la población, que torturó y asesinó a miles de compatriotas y que robó a más de 500 bebés hijos de las víctimas a los que “desapareció” prolongando, así, la agonía y el dolor de padres, hermanos, hijos, abuelos, amigos ….. Un país en el que hay quienes todavía justifican lo injustificable y denostan a quienes se rebelan contra la desmemoria, personas que desprecian el reclamo y el valor enorme de las mujeres que siguen buscando a sus nietos robados (ellas y muchos otros que no se resignan demuestran que no todo es oscuridad en el país de la tristeza en el que nací )
Un país en el que millones de personas siguen viviendo en la miseria, en la que cada vez son más los que duermen en las calles céntricas de la ciudad entre la indiferencia de los traseuntes . Perseguidos muchas veces, antes que ayudados. Un país en el que viven muchas personas que parecen no comprender que el bienestar, el verdadero bienestar, no consiste en comprar el mejor coche, la mejor ropa, hacer los mejores viajes, que de nada sirve tener la mejor casa si a nuestro alrededor la casa común en la que todos habitamos se desmorona en la pobreza, la discriminación y la desigualdad. Un país que no comprende que la violencia no sólo se ejerce con las armas o con los puños. Un niño viviendo en una choza de chapa, en medio del barro y con frío, mal alimentado, mal atendido, un joven sin posibilidades de futuro, una mujer y un hombre sin techo y sin pan para sus hijos eso es violencia (discurso fácil, demagógico, pensarán algunos de quienes lean este texto. La naturalización de lo vergonzoso nos impide de ver la verdad que hay en lo obvio)
Soy de un país acostumbrado a cerrar los ojos. Un país que piensa que quien grita más fuerte es el que tiene razón. Un país que confunde escuchar con oir para no tener que escuchar lo que oye ni oir lo que escucha. Un país al que le encantan las burbujas de cristal.
Un país envuelto por la negación.
Soy de un país que me llena de tristeza. Ese es mi país. Nací y elegí vivir aquí. Un día seremos mejores, aquí nacieron personas de valor, artistas, cientificos, pensadores, mujeres y hombres honestos, generosos y creativos. Abandonar la tristeza, la violencia, el olvido, la negación depende de todos los que somos de aquí. Lo conseguiremos.

Diego Levis, 2010

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