Algunos rasgos de la sociedad de la Pantalla


“(…) En los siglos XVII y XVIII se creía que mostrando el vicio y la virtud en el teatro se incitaría a los hombres a evitar el mal y apegarse al bien. Sin embargo, desde el siglo XVIII Rousseau demostró que no era así: difícil imaginar que la gente se aleja del mal después de ver una representación. Poco a poco quedó demostrado que no había ningún efecto directo entre la intención del artista y la forma de recibir del espectador. La obra no moviliza a menos que uno esté ya convencido. De lo contrario, se tiene la impresión de estar ante una imagen de propaganda. La verdad es que, en la actualidad, las imágenes críticas están omnipresentes en la sociedad. Pero no revelan nada: todos son conscientes de que vivimos en una sociedad hiperconsumista.
(…) Cuando miro televisión, veo gente que habla y muy pocas imágenes de la realidad. Veo un desfile de expertos, gente que viene a decirnos qué hay que pensar de esas pocas imágenes que vemos. ¿Qué dicen esos expertos? “Hay demasiadas imágenes intolerables. Les vamos a mostrar unas pocas y, sobre todo, se las vamos a explicar. Porque la desgracia de las víctimas es que ellas no comprenden muy bien lo que les sucede. Y la desgracia de ustedes, telespectadores, es que tampoco comprenden. Por suerte, estamos nosotros.
-En resumen: la ventaja de la palabra es que pone distancia con el hecho descarnado. Creo, por el contrario, que en materia de horror, la imagen y la palabra deberían estar en el mismo plano. Si uno quiere evocar el exterminio de los judíos europeos -se recurra a imágenes filmadas por los Sonderkommandos en Birkenau o a un relato de los guardias de ese campo de concentración- el resultado será el mismo: una representación del horror. La palabra no es más moral que la imagen. También “hace ver” a su manera.”
Jacques Rancière, fragmentos de la entrevista publicada en ADN Cultura, suplemento de La Nación (Bs.As) el 5/10/2012.