La atracción de la Pantalla


Vivimos en la Sociedad de la Pantalla. La Pantalla constituye un objeto central en la vida de todos nosotros. La Pantalla trastoca la percepción del tiempo y del espacio, transformando nuestro modo de pensar el mundo y muchas veces de pensarnos a nosotros mismos. Oculta el cuerpo, disuelve en imágenes su materialidad estableciendo nuevas formas de relacionarnos socialmente y con nosotros mismos. Con la Pantalla, nadie está solo, al menos no del modo en que se solía estar solo. Convencidos de que si dejamos de estar conectados nos podemos estar perdiendo algo de enorme trascendencia, interrumpimos continuamente lo que estamos haciendo para atender a la atracción de la Pantalla.
Distraídos en escribir y leer mensajes a través de alguna red social, de mirar y comentar fotos y videos entre otras actividades poco relevantes, muchas personas entregan pasivamente su tiempo, relegando a un segundo plano la realización de actividades más demandantes de compromiso personal sea en el ámbito del trabajo, el estudio, e incluso las relaciones personales.
En una primera lectura, a mi juicio apresurada, se podría concluir, al igual que numerosos autores, que estos comportamientos sociales conducen a una inevitable erosión de las estructuras sociales y culturales e incluso a perdidas cognitivas.
Sin cuestionar el carácter disrruptivo de la presencia ubicua de la Pantalla, a mi parecer, este planteo es equivocado. ¿Antes de la existencia del celular los estudiantes no se distraían en clase? ¿Cuando no había Internet, los oficinistas nunca perdían el tiempo en tareas ajenas a su trabajo?
Las interrupciones y la falta de atención son anteriores a la existencia de Internet y de los celulares. De un modo u otro, los seres humanos tendemos a buscar formas de distracción cuando nos vemos obligados a realizar tareas por las que no sentimos verdadero interés.
Todos tenemos en nuestra memoria profesores, películas, libros que atraparon toda nuestra atención, en las que el mero vuelo de una mosca nos molestaba. Tenemos aficiones a las que dedicamos horas de nuestra vida sin dar lugar a ninguna interrupción.
La clave es interesarnos y comprometernos con lo que estamos haciendo. Llegado a ese punto, cada uno de nosotros buscará el modo de no ser interrumpido. La Pantalla muchas veces se convierte en una presencia incómoda, está en nosotros reconocer cuando es necesario apagarla. Con casi total seguridad, no nos perderemos nada extraordinario durante el tiempo que transcurra sin que volvamos a poner nuestra atención en ella.

Diego Levis – Diciembre de 2015

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