Exposición de Marta Minujin en el MALBA


LA FURIA CREATIVA DE MARTA MINUJÍN. HASTA EL 7 DE FEBRERO, EN EL MALBA Por Ana María Battistozzi
Fuente: Revista Ñ

DESDE SUS INICIOS, SE PROPUSO ´VIVIR EN ARTE´. EL RECORRIDO DE LA MUESTRA ANTOLÓGICA QUE SE INAUGURÓ EN EL MALBA ES FIEL A ESA IDEA.

La cola crecía a un lado y otro de la puerta del Malba y de lejos se la podía ver desplazándose lentamente por la escalera mecánica como un ejército de hormigas en una caja vidriada. Muchas cosas han cambiado en el país y en el mundo desde 1965, cuando Marta Minujín y Rubén Santantonin armaron “La Menesunda” en el Di Tella, secundados por Pablo Suárez, Leopoldo Maler, David Lamelas, Floreal Amor y Rodolfo Parayón. Sólo la capacidad de suscitar entusiasmos de Minujín permanece intacta. Las mismas colas y la misma curiosidad en las nuevas generaciones.

¿Cómo explicar esa marea de jóvenes que pujaba por acceder a la apertura de la antológica que le dedica el museo desde la semana pasada? ¿Cómo interpretar que la presentación de la exhibición a la prensa, habitualmente el recorrido de un grupo reducido con el curador, se haya realizado con el auditorio de la institución totalmente colmado? Ella se presentó ante ese público –integrado por una rara mezcla de cronistas de revistas sociales y culturales, cámaras de TV, blogs de cultura, críticos e historiadores de arte, que no debieron pujar en la entrada– como una Reina de corazones reinventada por Tim Burton. Impactante con un vestido rojo que no llegaba a ocultar su incipiente desorientación ante tanta expectativa. Como si en esta instancia, todo eso que forma parte de la historia de su vida y el motor de lo que se intenta recapitular pisos más arriba hubiera empezado a superarla.

Recuerdo en diciembre de 1983, cuando aún no se había disipado el clima festivo por el retorno a la democracia y Marta instaló su “Partenón de libros” en plena Avenida 9 de Julio, cómo nos entretenían esas columnas que ella había diseñado, descubriendo allí muchos de los libros que había sido preciso enterrar o quemar apenas un par de años atrás. Allí estaban de vuelta, como una reivindicación no declarada, Los condenados de la tierra, de Fanon, Pedagogía del oprimido, de Paulo Freire, o Literatura y revolución, de Trosky, por nombrar sólo algunos de los que volvían tras haber sido desterrados de las mesas de las librerías. Todo eso sin ningún alarde de ideología en medio de textos escolares y novelas olvidadas. Era su forma de aportar al festejo de la democracia y la aspiración de una sociedad en libertad, pero básicamente impulsada por la misma actitud festiva que la acompañó en la mayor parte de su obra y a menudo se reveló más movilizadora que muchas otras empeñadas en elocuentes contenidos.

Nadie podrá negarle a Minujín una aguda percepción de las cuestiones que flotan en el aire como distintivas de una época. A eso remitió sin duda la performance de 1985 que llevó a cabo en la Factory, el taller de Warhol en Manhattan, por la que decidió cancelar la deuda externa con choclos. O la Academia del Fracaso que armó en el CAYC cuando retornó de Nueva York en 1975 y le pareció que en su país había demasiada inclinación a regodearse en el fracaso. Su presentación incluía un “Certificado Internacional de Vacunación contra el Triunfalismo”, varios tests para situarse ante el fracaso y el “Frac-asado”, que literalmente no era otra cosa que un frac chamuscado.

La muestra curada por Victoria Noorthorn intenta una aproximación a lo que sin duda puede considerarse uno de los fenómenos más controvertidos y duraderos del arte argentino. No casualmente en la documentación exhibida se destaca una de la notas de prensa publicadas a propósito de “la Menesunda” con un título a escala: ¿Arte Vivo o Arte de Vivos? Los mayores esfuerzos de la curadora se dirigen acertadamente a mostrar que “Marta es y no es todo lo que creemos que es” en el sentido de que a un mismo tiempo es “exceso, egocentrismo, fiesta, creatividad y locura”, pero también “método, precisión, rigor, resistencia, generosidad y espíritu crítico.” ¿Cómo entender, si no, la desmesura creativa que rodeó desde siempre sus proyectos? Imposible de sostener sin eficacia y organización en los hechos.

Uno de los núcleos en el ordenamiento espacial del relato que la curadora intenta alrededor de la trayectoria de la artista son los colchones. Formas blandas, usadas o de confección multicolor, según cada caso. Minujín empezó a usarlos en 1962 para la Exposición de cosas, el Hombre antes del hombre , cuando incorporó el colchón de su cama a una de las estructura de cartón que venía trabajando e incluyó botas, gorras y rezagos militares. El entrevero aludía al enfrentamiento entre los azules y colorados dentro del Ejército argentino que terminó dándole el poder a Onganía y de hecho lo situó como árbitro militar hasta que dio el golpe en 1966.

En 1963 Marta se despidió de París con una exposición y un gran incendio de los trabajos realizados durante su estadía que organizó en un baldío cedido por Niki de Saint Phale y Jean Tinguely y llamó La destrucción . De esa acción participaron Christo, la portuguesa Lourdes de Castro y el venezolano Alejandro Otero, entre otros tantos que frecuentó en París. Hasta entonces sus colchones eran más sucios y rotos que festivos, ya que en gran medida guardaban más relación con el “arte destructivo” que se había presentado en 1961 en la Galería Lirolay de Buenos Aires que con el pop.

Cambiaron de espíritu cuando empezó a trabajarlos como esculturas blandas pintadas de colores como en la “Chambre D’Amour”, la obra que realizó en París con el holandés Mark Brusse y recreó hace dos años. A este primer trabajo remite “Revuélquese y viva”, la obra que ganó el Premio Nacional Di Tella en 1964 cuando fueron jurados Clement Greenberg, Romero Brest y Pierre Restany, el crítico francés que la defendió hasta su muerte.

Todas esta obras emblemáticas de la artista jalonan el itinerario de una muestra que encara el difícil reto de llevar al museo obras que precisamente fueron concebidas para excederlo desde el formato performance, happening, acción presencial o mediática. “Descolocar, romper para que la gente crezca” fue la máxima que gobernó su relación con el espectador. Así en “La Menesunda” y “El Batacazo” (1965), “Simultaneidad en simultaneidad” (1966), “Minuphone” (1967) y “Minucode”, (1968) Importación-Exportación” (1968) “Kidnappening” (1973), “The Soft Gallery” (1973), “Imago Flowing” (1974), “Comunicando con tierra” (1976), “El Obelisco de pan dulce” (1979) y la más reciente “Operación Perfume” (1987). Todas empresas que encaró con impresionante energía y capacidad de persuasión.

El diseño de montaje refuerza esa idea de vorágine que recorre la obra de Minujín. Desde las primeras pinturas que define como “surrealismo metafísico” a las “cosas donde me meto”, el recorrido se acelera en múltiples espacios con neones, paneles multicolores y escenas donde el espectador puede recrear alguna de las experiencias originales de “La Menesunda” o la “Galería blanda”. La sucesión logra ser fiel a la artista y la espectacular concepción de “vivir en arte” que sostuvo desde temprano en la vida.

INFORMACIÓN
Marta Minujín. Obras 1959 -1989
LUGAR: Malba. Av. Figueroa Alcorta 3415. Tel.: 4808-6500
FECHA: Hasta el 7 de febrero
HORARIO: Jueves a lunes y fe
riados, 12 a 20. Miércoles hasta las 21.
ENTRADA: $20. Miércoles: $8. Desc. jubilados y estudiantes, $10. Menores de 5, sin cargo.

Sitio web de Marta Minujin

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