Los medios, el lenguaje y la realidad


Los medios de información construyen a través del reflejo sesgado, y muchas veces interesado, de los sucesos de la vida social una realidad ficcionada que termina incidiendo en el propio acontecer fáctico. En este proceso el uso del lenguaje juega un papel determinante. Hace más de 60 años Georges Orwell imaginó una neolengua que designaba conceptos con connotación negativa como “guerra”, “mentira”, “odio” etc. con eufemismos asociados a algo positivo o directamente con su antónimo. Así, por ejemplo, el Ministerio del Amor era  el encargado de mantener la ley y el orden. En la realidad imaginada por Orwell las pantallas omnipresentes cumplían la doble función de vigilar y de ocultar. Escuchar y leer las medias verdades y las tergiversaciones cotidianas que emiten y publican diarios, radios y televisiones me remite continuamente a la distopía creada por el escritor británico a mediados del siglo XX. Pero la sociedad contemporánea es más compleja y posiblemente más perversa que el mundo recreado en “1984”. LLena de negros, pero también de muchos matices.
En la sociedad contemporánea atravesada por redes de telecomunicaciones de distinto tipo (las más importantes responden a intereses privados, lo cual no solemos tener presente) el dominio de la lengua, de aquello que se dice, del modo en que se dice y de las palabras que se utilizan para decirlo es una herramienta clave de poder. Orwell, con lucidez, supo advertir esto. No es casual el uso repetido de neologismos y metáforas para designar fenómenos sociales y culturales de distinta naturaleza. “Brecha” en lugar de desigualdad, “inclusión” en lugar de igualdad de derechos, “justicia” en lugar de venganza, “exclusión” en lugar de discriminación, “xenofobia” en lugar de racismo, “seguridad” en lugar de represión, “inteligencia”(de una computadora) en lugar de capacidad de cálculo, “memoria” en lugar de capacidad de almacenamiento, “comunicación” en lugar de información, “información” en lugar de conocimiento… la lista es interminable.
¿No es hora de reflexionar más acerca del uso que se nos propone de nuestra propia lengua antes de reproducir propuestas “autoritarias” que deslavan de sentido social y cultural aquello que designan, ocultándolo?
Este texto, que responde a una inquietud que tengo desde la adolescencia, tiene su origen inmediato en la lectura de un artículo de Mario Gologoff titulado “El gran sistema” publicado hoy en Página 12.

Otros artículos recientes vinculados con este tema:
“Informar no es comunicar” en Página 12, 6 de octubre de 2010.
“La otra agenda”en Página 12, 6 de octubre de 2010