Para quienes sostienen que no es posible transformar la realidad


El mandato presidencial de Lula en Brasil está llegando a su término. Lustrador de zapatos, obrero metalúrgico, sindicalista y revolucionario el presidente de Brasil consiguió en ocho años una transformación de su país que, sin haber solucionado todas las desigualdades e injusticias, demuestra que es posible transformar la vida más allá del fatalismo de quienes con escepticismo y conformismo o con hipocresía y complicidad sostienen que no vale la pena aspirar a cambiar la sociedad porque el “mundo es como es”, tal como afirma hoy desde las páginas del diario La Nación de Buenos Aires el afamado periodista y formador de opinión Morales Solá.
Afortunadamente la realidad de Brasil contradice al insigne portavoz de la desesperanza y la resignación. Clarín, competidor y socio de La Nación, publica hoy Sierra publica un excelente reportaje de Gustavo Sierra, titulado significativamente “Chau Lula: La felicidad no tiene fin” acerca de la obra del presidente brasilero en el estado nordestino de Pernambuco, una de las regiones tradicionalmente más pobres de Brasil.

Como gráfico y triste contrapunto transcribo un corto fragmento de la nota de Morales Solá:
“El viejo Estado de Bienestar de Europa cayó abatido en los últimos años por el factor China, país imperturbable en su decisión de conservar las peores condiciones laborales para exportar competitivamente. Ese fenómeno es ciertamente injusto y lamentable, pero el mundo es como es” (negritas mías)