Según pasan los años : Apuntes acerca de como los medios digitales modifican nuestros modos de relacionarnos


Hace poco tiempo, menos de dos décadas atrás, escribíamos y recibíamos cartas manuscritas que tardaban varios días en llegar a destino. En Buenos Aires y alrededores, hablar por teléfono, muchas veces, era más una cuestión de suerte que de voluntad. Días de teléfonos descompuestos y escasos (conseguir una línea fue durante muchos años una misión imposible) que hacía que muchas veces fuera más rápido, y sin duda más efectivo, acercarse hasta el domicilio del destinatario de la llamada que seguir buscando un teléfono que funcionara. Solución especialmente conveniente para personas impacientes. Otra posibilidad era sencillamente no llamar o, en casos de extrema necesidad, enviar una nota escrita por mensajero o correo. Salvo unos pocos expertos, todavía nadie había oído hablar de internet y tampoco era fácil imaginar que una década después, la aburrida computadora personal que ya por entonces ocupaba el escritorio de la oficina, nos permitiría comunicarnos de forma instantánea con personas situadas en cualquier país del mundo, por escrito, oralmente, e incluso por videoconferencia. Menos aún podíamos sospechar que dispondríamos de un teléfono de bolsillo para hablar con quien queramos de forma instantánea desde casi cualquier lugar y, con el mismo aparato enviar y recibir mensajes escritos, tomar y enviar fotos u oír música, entre tantas otras funciones. Así es como la misma persona que a finales de los ochenta se desesperaba para hablar por teléfono y aguardaba con ansiedad cartas de amigos y familiares que estaban lejos, hoy se siente feliz, aunque muchas veces abrumado, ante el aluvión de mensajes escritos que recibe en su computadora y por las continuas llamadas que tiene en el celular. A veces, todavía busca resguardo en las sonrisas y en las miradas de los amigos en una charla de café.