Quizás Haití ya no exista, pero los haitianos sí.


En general estamos convencidos que nuestro entorno natural es inmutable. Que lo está estuvo y estará por los años de los años. Con cierta soberbia, solemos atribuir a los seres humanos el monopolio de la capacidad de construir y de destruir olvidando que el impulso del desarrollo de la humanidad, en gran medida, tiene su origen en el intento de controlar el entorno. Todavía no lo conseguimos. De tanto en tanto, huracanes, lluvias seguidas de inundaciones, grandes nevadas, sequías y terremotos nos hacen recordar que la Tierra, nuestro planeta, es un cuerpo vivo.
Haití, el primer país de América Latina en ser independiente (1804) y una de las naciones más pobres del mundo, situada en la Isla La Española en el mar Caribe (la misma a la que llegó Colón el 12 de octubre de 1492) está desolado. Los sobrevivientes del fuerte terremoto de esta semana deambulan entre cadáveres y destrucción. El diario “El País” de España afirma en una nota Haití ya no existe”. El mundo inició el habitual envío de “ayuda humanitaria”. A finales de 2008 los países más rico del mundo salvaguardaron de la quiebra a bancos más administrados con ayudas de centenares de miles dólares. Sería bueno que algo de ese dinero sirva para evitar que en Haití sigan muriendo personas por efectos del posterremoto (Falta de alimentos, medicinas, vivienda, desesperación, etc)