Entre el decir y el hacer


Por qué en Uruguay el plan 1 a 1 es un éxito y en la Argentina un fracaso. Mientras los funcionarios argentinos se escudan en las dificultades de la federalización o evaluaciones técnicas que no se dieron a conocer, el país vecino llegará a 2010 con una computadora por cada alumno. La tendencia de que el Estado le entregue una computadora portátil a cada alumno –proyecto que imaginó el científico norteamericano Nicholas Negroponte, bajo la consigna “Una Laptop por niño” y para los países en desarrollo– crece a nivel mundial. La idea no pasó inadvertida en el Río de la Plata y en su momento tanto la Argentina como el Uruguay anunciaron que se prendían en la propuesta OLPC (por la sigla en inglés de “One Laptop Per Child”), pero mientras del otro lado del río color de león el programa es un éxito, de este lado puede decirse que está al borde del fracaso. En 2006, el entonces ministro nacional de Educación de Argentina, Daniel Filmus, anunció con bombos y platillos que el país iba a invertir en la compra de un millón de computadoras para otros tantos alumnos. Hoy la cantidad de chicos que la recibieron no llega a cien mil. Para la misma época el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, decidió que cada alumno del Uruguay iba a tener una computadora para 2010. Y lo logró: con una inversión de 300 millones de dólares repartió 380 mil laptops. ¿Por qué allá se pudo y acá no? Para el subsecretario de Coordinación Administrativa del Ministerio de Educación, Daniel Iglesias, la imposibilidad de llevar a la práctica un plan interesante radica en que “la Argentina tiene una dimensión territorial distinta y un sistema educativo federal. Son 24 jurisdicciones que tienen que apoyar el proyecto. No podemos desembarcar con estos programas si las provincias no los incorporan como propios”. Más allá del atendible argumento, lo cierto es que aquí se realizó una evaluación en base a algunas pocas experiencias aisladas, y aunque nunca se dieron a conocer, los resultados habrían descartado la implementación del OLPC. Hugo Scolnik, miembro del equipo de la UBA que realizó esa evaluación del programa “1 a 1” y fundador del Departamento de Computación de la Facultad de Ciencias Exactas, ofrece una explicación: “Uruguay siempre nos ganó en términos de tomar decisiones, pero tendrían que haber evaluado las cosas más a fondo”. Para él, las máquinas escogidas por el país vecino “ofrecen muy pocas prestaciones” y agrega que “si pensamos que la primera línea de apoyo a los chicos son los familiares y maestros, garantizo que nadie sabe cómo usarlas”. Razones que van por el camino tradicional que se elige en la Argentina a la hora de rendir cuentas comparativas: lo que dice el otro siempre es falso y por lo tanto, no invalida lo propio. Diego Levis, doctor en Ciencias de la Información y especialista en Comunicación y Educación, consideró que, “si bien es cierto que todavía es pronto para valorar los resultados en Uruguay, lo cierto es que allá están a punto de completar la entrega de una computadora portátil a cada niño de las escuelas públicas, con conexión a Internet, basadas en el uso de software libre (de código abierto), diseñadas especialmente para ser utilizadas por niños en edad escolar. Empiezan a transformar las condiciones de enseñanza y aprendizaje. Las palabras sin acciones que las acompañen son casi nada, a veces incluso son peor que nada. En la Argentina nos empeñamos en creer que es suficiente con enunciar algo para que se realice”. Para Ana Rossaro, especialista en Tecnología Educativa, “el Plan Ceibal de Uruguay es revolucionario en términos de política educativa porque no se trató simplemente de repartir laptops, sino que además hubo capacitación, conexión y alfabetización de la sociedad en su conjunto”. El Plan Ceibal (Conectividad Educativa de Informática Básica para el Aprendizaje en Línea) supo sortear obstáculos y trabas políticas y comerciales, y distribuyó computadoras, conectividad y capacitación a todos los integrantes del sistema escolar, desde los más pequeños hasta maestros y profesores.Entre los obstáculos comerciales se encuadra el hecho de que las empresas fabricantes de tecnología rápidamente vieron la oportunidad de diseñar modelos que compitieran con el “plan Negroponte”, que proponía computadoras de un valor cercano a los cien dólares. Entre esas compañías, no podía ser de otro modo, está Microsoft, que en asociación con Intel impulsa las Classmate (compañero de clase) que Alberto Rodríguez Saá, gobernador de San Luis, eligió para el programa “Todos los niños en red” que lleva adelante la Universidad de La Punta bajo el rectorado de Alicia Bañuelos. En el ya tradicional evento San Luis Digital, que se realizó a fines de septiembre en esa provincia, la académica informó que llevan entregados 5.300 equipos sobre un total de 110.000 alumnos, a un costo unitario de 321 dólares, casi el doble de lo que cuestan las OLPC. Intel había donado el año pasado 800 de estos equipos al gobierno nacional, la Ciudad de Buenos Aires, Fundación Telefónica y Fundación IRSA. De la mano de distribuidores locales logró comercializar unas 20.000 unidades en San Luis, Comodoro Rivadavia, Río Negro y la Municipalidad de Marcos Paz, entre otras localidades. “Estamos convencidos de que el mercado de Classmate en Argentina continuará expandiéndose gracias a los ejemplos exitosos que ya existen y al aporte que estos equipos realizan a la educación”, señaló Sebastián Szocs, directivo regional de Intel. La firma, en este caso en asociación con Telefónica, resultó ganadora de la licitación que organizó el Ministerio de Educación de Nación en agosto último, para el programa “Un Alumno, Una Computadora”, único proyecto a nivel nacional. El plan consiste en distribuir 250.000 portátiles pero en escuelas técnicas secundarias. Las máquinas provendrán de China y costarán unos 260 dólares. Mientras en el país las experiencias son aisladas –intentan avanzar en el tema Córdoba y Santa Fe, pero en este caso con las computadoras de Negroponte con una inversión cercana a los 40 millones de dólares, provenientes de una fundación italiana–, Uruguay ya muestra los resultados de un plan nacional bien orquestado. Y Perú entregó 114.000 OLPC a escuelas de zonas con menor índice de desarrollo y de acceso a la tecnología. Muestras de la diferencia radical entre el decir y el hacer.
Nota publicada el 21-10-2009 en Veintitrés