Teatro y poder: entre el temor, el deseo y la "gripe"


Tengo la sensación creciente de que todo es una representación para los medios. Cada gesto, cada palabra, cada reacción y cada acción de políticos, funcionarios, jugadores de futbol y hombres y mujeres de la calle está concebida para ser mirada y valorada a través de una pantalla universal y ubicua (no es casual el título repetido en dos libros míos escritos con una diferencia de diez años entre uno y el otro) . No sé si siempre fue así, pues el presente tiene la particularidad de inmiscuirse en nuestros recuerdos con sus modalidades y formas.
Quizás sea por esta tendencia a la representación que el teatro y el cine y quienes los hacen posibles (actores, directores, escritores, etc) ocupan tanto la atención de los poderes, interesados en ganar sus adhesiones y de acallarlos cuando no se muestran favorables
Ayer, volví a ver “La vida de los otros” una película alemana ganadora de varios premios que habla entre muchas cosas de la intrincada relación entre la irracionalidad, la represión, el control social, el deseo y el teatro. Mientras la veía sentí el dolor que todavía me produce la traición del sistema soviético a la ilusión que alguna vez existió de que es posible construir un mundo más justo, más libre, más igualitario. Y me acordé tanbién de una película que vi hace muchos años. El título de esa película es Mephisto y trata de la exitosa carrera de un actor durante el nazismo.
Teatro, poder, representación y pantallas.
¿La gripe es una puesta en escena para generar psicosis social?
¿Por qué no puedo creerles? ¿Será porque nos mintieron y nos mienten tanto que no puedo creerles más? ¿Será porque son muy malos actores? o sencillamente ¿Será porque soy escéptico por naturaleza y no lo sé? No, no soy escéptico, tampoco ingenuo.
¿Los medios generan la representación o solamente la muestran?
¿Porqué nos cuesta tanto aceptar que las cámaras de televisión sirven para mentir?