"La era del silicio"


Texto de tecnoficción de Santiago Koval, autor de “La condición posthumana” (Cinema, 2008)


“En algún punto entre 2030 y 2050, las máquinas, todopoderosas por el impulso constante de la técnica, sobrepasaron en intelecto y en emociones a los especialistas que las crearon. El afán incesante del hombre, cristalizado en el resultado máximo de sus aspiraciones demiúrgicas, dio a luz al cerebro artificial, último estandarte de la cadena creativa arraigada al origen de la humanidad misma. La progenie de máquinas resultante no demoró en organizarse de acuerdo a la lógica mecánica programada en sus circuitos. La especie humana, abandonada a la omnipotencia de su nueva criatura, fue lentamente pereciendo, al punto de desaparecer en pocos años los últimos restos de su presencia en la Tierra. En el nuevo orden de hegemonía mecánica, la raza artificial comenzó a organizar los asuntos vitales por medio de criterios lógicos distribuidos en sus redes de información, poblando y repoblando el mundo de nuevas generaciones de máquinas cada vez más poderosas. Pero llegado cierto nivel de organización, la raza de silicio, programada en lo más secreto de su naturaleza por la lógica racional de sus antecesores y ya extintos humanos, empezó a manifestar la necesidad de generar una cultura, una política, una religión, una moral, una ley y un lenguaje verbal para sus estados emocionales complejos. En aras de ordenar la sociedad alrededor de un dogma irrefutable que diera sentido a la existencia de la conciencia artificial, la red de máquinas buscó en la historia universal un criterio de justificación relevante, que su breve presencia sobre la Tierra no podía darle. En ello, la nueva especie encontró en la figura del hombre, su creador y máximo artífice, el camino redentor a su vacío cultural. La solución humana a los problemas mecánicos, cruel paradoja de la historia, dio lugar rápidamente al primer ser humano creado por una progenie artificial nacida, años atrás, de sus propias entrañas”.

S.K., Buenos Aires, enero de 2009.
(c) Santiago Koval 2009

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