Música Cyborg ¿Que tienen en común The Monkees, Milli Vanilli y Britney Spears?


De cuando lo de menos es la música

“The Monkees” es un grupo musical creado en 1965 por la cadena televisiva estadounidense NBC para copiar y competir con los Beatles. Sus miembros fueron seleccionados entre 500 candidatos y sólo uno de ellos era músico. A pesar de este detalle menor, entre 1966 y 1968 llegaron a estar varias veces en el primer puesto de la lista de ventas de discos en Estados Unidos. Al fin y al cabo la música era compuesta y tocada por músicos y compositores profesionales, entre ellos Carole King, Neil Diamond y Neil Sedaka

The Monkees – The Beatles : Cualquier parecido no es casualidad

Un caso similar al de los Monkees es el de Milli Vanilli, un dúo de cantantes y bailarines muy exitoso a finales de la década de 1980 (vendieron 30 millones de singles y 11 millones de álbumes). En 1990 el grupo ganó el Grammy al “músico revelación” del año. Muy poco después cayeron en desgracia. En una actuación en vivo falló el playback y se descubrió que los integrantes del grupo en realidad no cantaban. El escándalo significó el final de su carrera. Como si estuvieran apestados, sus discos se retiraron de la venta y todos sus contratos fueron cancelados. Nadie supo más nada de ellos.
Hoy, sus videos son vistos por miles de personas a través de You Tube y otros sitios web.

Han pasado menos de 20 años. En la actualidad, es habitual que cantantes y pseudocantantes utilicen abiertamente el play back en su actuaciones y que se valgan de la tecnología para mejorar su voz y corregir la afinación. En estos tiempos de simulaciones digitales avanzadas este tipo de engaños son parte “natural” del mundo del espectáculo.
Una nota publicada hoy en el diario “El País” señala que el uso creciente de aparatos informáticos en la interpretación músical hace que se diluyan los límites entre la interpretación de los músicos y cantantes de carne y hueso y la generada por computadoras. Pone como ejemplo el último disco de Britney Spears, en el cual, señala el diario español, “no hay rastro de la voz de la diva por ningún lado”. A nadie parece preocuparle. El artículo sugiere incluso que el propio John Lennon utilizaba versiones más primitivas de estos artilugios tecnológicos para modificar su voz grabada.
Como se pregunta el autor de nota de “El País”, ¿a alguien le importa aún quién canta en los discos?

¿Decadencia de la hipocresía? ¿Reinado del cinismo?