El fin de un sueño: El fiasco de las OLPC


A finales de 2005, Daniel Filmus, por entonces Ministro de Educación de la Argentina, anunció la compra de un millón de computadoras portátiles de 100 dólares por unidad, destinadas a alumnos de las escuelas públicas del país dentro del proyecto OLPC (Una laptop por chico) lanzado por Nicholas Negroponte. Al leer la noticia, mi convicción de que es posible una vida mejor en un mundo más justo, pudo más que el escepticismo ante un proyecto que la razón me indicaba de muy difícil realización. Especialmente en nuestro país, tan sensible, tradicionalmente, a los cambios de humor de gobernantes y otros funcionarios y a las presiones corporativas y empresariales.
Pasó el tiempo…. y al fin en el segundo semestre de 2007, se iniciaron las primeras pruebas piloto del llamado modelo 1.1, pero las máquinas utilizadas no eran las del proyecto OLPC sino unas computadoras portátiles de prestaciones reducidas fabricadas con fines principalmente comerciales por el gigante informático INTEL bajo entorno Windows (Classmate) . Lejos muy lejos de las promesas de innovación pedagógica que acompañaban al “sueño” OLPC

El seis de enero pasado Clarín publicó un artículo, firmado por Pablo Calvo, cuyo título lo dice todo: “El plan de PC baratas para niños quedó convertido en un negocio”, en el cual relata parte de la historia de la OLPC en la Argentina
La máquina de OLPC, como saben todos los que han seguido el proyecto desde sus comienzos, no alcanzó todavía la calidad operativa que se esperaba. Esto no implica que la idea OLPC no sea excelente y necesaria. Los modelos comerciales (Classmate y otros) desarrollados para competir con OLPC no responden a los mismos principios educativos. Por este motivo, no son intercambiables.
A causa de experiencias en escuelas de Estados Unidos se empieza a cuestionar el uso de computadoras portátiles en el aula.
OLPC no era solo una máquina barata sino, y sobre todo, un modelo pedagógico diferente.