Acosada por los mails de un pretendiente


La historia que voy a contarles empezó fuera de la red. Conocí a Pedro en un evento que organizó la empresa en donde trabajo. Me invitó a tomar un café y me pareció encantador. Al día siguiente nos escribimos y le propuse vernos el fin de semana. Me contestó que no podía, le pregunté porque y me dijo que era casado. Como me parecía un tipo interesante decidí seguir escribiéndome con él. De vez en cuando hablábamos por teléfono, a veces yo intentaba seducirlo pero él siempre mantenía la distancia. No perdía oportunidad de mencionarme a su mujer o a los hijos. Así fue hasta que un día nos encontramos en la calle y me invitó a tomar algo. Acepté. Charlamos durante dos horas y aunque lo pasé bien, esa tarde le noté algo que no me gustó. No sé definirlo. Los días que siguieron intercambiamos muchos mails, a veces más de diez por día. Él insistía que quería volver a verme. Al final me convenció. Me invitó a comer a un lugar muy lindo y después estuvimos paseando por Plaza Francia. Ese día me tomó la mano y me besó. No sé bienproque dejé que me besara, la verdad es que el tipo ya no me gustaba nada, incluos me resultaba bastante cargante. Después de esa vez no volvimos a vernos por varios meses. Él me seguía escribiendo todos los días, a veces tres o cuatro emails por día. Sus emails empezaban a molestarme. Yo en esa época días había empezado a salir con un flaco que me gustaba mucho y se lo conté a Pedro para que tuviera en cuenta que yo ya no estaba sola. En los primeros tiempos pareció afectarle y dejo de escribirme tanto. Al cabo de unas pocas semanas volvió a empezar. Su insistencia me hartaba, no importaba lo que le contestara que él no dejaba de repetirme que quería volver a verme. Por entonces ya no mencionaba nunca a su mujer. No sé si se había separado o no, aunque supongo que no.
Así pasó todo el verano. Entretanto yo había dejado de salir con el otro flaco y un día acepté salir a cenar con él, sabiendo que lo único que deseaba era acostarse conmigo. El tipo no me cerraba pero… en fin, estaba con las defensas bajas y me deje llevar.
En lugar de ir a un restaurante me llevó a un departamento. Pidió sushi a un delivery y entre copa y copa de vino empezamos a besarnos y a tocarnos. Yo sentía una extraña mezcla de repugnancia y deseo.
En un momento dado, cuando los dos estábamos casi desnudos, le pedí que parara, que todo estaba llendo demasiado rápido para mí, que nos diéramos más tiempo. Milagrosamente el tipo me hizo caso “Te entiendo” me dijo mientras yo avergonzada me vestía. Me alcanzó hasta mi casa y cuando nos despedíamos le prometí que nos volveríamos a ver en los próximos días, aunque lo cierto es que yo no quería volver a saber más de él. El rechazo que me producía el tipo era mucho mayor que el morbo que me generaba la situación. Durante esa semana no dejó de escribirme y de llamarme por teléfono ni un sólo día. No había modo de que entendiera que no quería que me siguiera buscando. Hasta que un día estallé y lo reputée por teléfono pidiéndole que se olvidara de mí. De eso hace casi dos años. Nunca más me llamó por teléfono pero no dejó nunca de escribirme mails, a veces son mails cariñosos, otros enojados, otras veces obscenos. Al principio su insitencia despertó mi curiosidad, después recibir sus mensajes se convirtió en una rutina hasta que empezó a escribirme contándome que le parecía haberme visto en diferentes lugares, halagándome la ropa que tenía puesta, o mi nuevo color de pelo. Ahí empecé a sentir algo de miedo, sobre todo por que el tipo no dejaba de insistir en decirme que le pasan cosas importantes conmigo, que lo único que le pide a la vida es que le de una nueva oportundad, que sueña con el momento en que nos volvamos besar y cosas así. La historia al fin se terminó porque un amigo al que se la conté me ayudó a poner un filtro en mi cuenta de correo para rechazar sus mails.
Marcela (desde Buenos Aires)