Perseguir un espejismo. Abandonar todo por un amor incierto.


Este relato fue enviado por un visitante de “Amores en red”
Mi mamá y mi papá llevaban casados casi 40 años. Vivían en Buenos Aires, en una típica casa de barrio en La Paternal. Entre ellos, nunca se mostraron muy cariñosos. Tampoco conmigo ni con mis hermanos. Hace algo más de dos años, durante la cena, mamá le anunció al viejo que había conocido a alguien por Internet y que había decidido irse a vivir con él. Papá pensó que la vieja bromeaba. Ella insistió “Sí, Rubén, te dejo. Me voy a Canadá. Él es de Toronto y me está esperando. Ya compré el pasaje. Me voy la semana que viene. El avión sale el martes a la mañana” le anunció. Mi viejo no entendía nada. Llamó a mi hermana para contarle que mamá había enloquecido. Esa misma noche nos reunimos todos para hablar con mamá sobre su inesperada, trastocante decisión de terminar un matrimonio de cuatro décadas para ir a vivir con un desconocido en un país desconocido. No hubo nada que hacer. Ella no entendió razones. “Quiero estar los últimos años de mi vida con un hombre que realmente me entienda”dijo entre otras palabras que echaban tierra sobre toda su vida con papá. Fue muy doloroso. A la mañana siguiente se fue de la casa del viejo. Decidimos que era lo mejor. Se fue a Canadá.
Nunca supimos lo que sucedido allí. Tres semanas después llamó a mi papá y a mi hermana para anunciarles que regresaba a Buenos Aires.
Ninguno de nosotros la perdonó. Tampoco mi papá que sique viviendo en la casa de La Paternal. Solo. La vieja a su vuelta se instaló en casa de una hermana viuda. Algunas veces hablamos por teléfono. No la volví a ver. Mi hermano mayor la ve de vez en cuando. Ella nunca le contó que le pasó en Canadá. A mí a veces me dice que le gustaría volver a La Paternal con mi viejo. Él no quiere saber nada de ella. La vieja, a sus sesenta y tres años, está trabajando en una panadería. A la tarde, al salir del trabajo, parece que se dedica a chatear en un ciber, me contó mi tía.
Alberto (Bs.As. , Argentina)